uerido Allen,

El motivo por el cual decidí escribir esta carta, es agradecerle. Gracias por haber tenido la valentía y sobretodo el corazón, para contarnos una historia a través de aquella ilustración que se publicó el 18 de marzo de 1909, en una portada de Vogue.

 

Para mí, fue irresistible contener todos los pensamientos que se vinieron a mi cabeza cuando observé la ilustración por primera vez. Una mujer apasionada por las sedas, los vestidos con caídas majestuosas y el lujo y grandeza que representan al pavo real, pensé. Después, imaginé que la mujer que acaricia este imponente animal era la hija de algún duque importante de aquel entonces, que simplemente quería salir en una portada de revista. Y así transcurrieron mil especulaciones más en mi mente, de cuál podría ser el real acontecimiento detrás de la ilustración.

 

Investigué e indagué y finalmente supe qué fue lo que lo inspiró para darle vida a esta pieza tan sublime. Allen, usted no me creería si le dijera que mientras mis ojos leían cada parte de la historia, mi corazón latía como si estuviera a punto de salir volando como un cohete de mi pecho. ¡La mujer de la portada era su madre! Y aquí es cuando reitero que le agradezco eternamente su valentía. Ella estaba pasando  por un momento en donde el dolor y la desolación, consumían lentamente su vida. Estaba perdida en el vació que le había dejado la muerte de su esposo.

Doy por sentado que para usted, también fue difícil decirle adiós a su padre pero, no me alcanzo ni siquiera a imaginar lo mucho que le costó ver a la mujer que le dio la vida, perderse a sí misma por la ausencia de su difunto amor.

De nuevo, ¡Gracias por el corazón tan grande que tuvo en esos días! Se debe amar mucho a una persona para hacer lo que usted hizo por su madre. Alimentó sus deseos de creer que su esposo aun permanecía junto a ella. Viéndolo, en la profundidad de los ojos de aquel pavo real.

 

Un abrazo sincero,

Manuela.

Portada Vogue 1909, Ilustrador: J. Allen St. Jhon. Foto: Pinterest.