mar no es suficiente

Relacionarse con los demás es uno de los mil y un caos (catástrofes) que usted y yo, tenemos por resolver. Hay que entender al otro y al mismo tiempo, entendernos a nosotros mismos. Suena divinamente fácil, pero no lo es. No es fácil porque somos expertos en hacernos las cosas cada vez mas difíciles. Somos amantes de ponernos taras y piedras en el camino (cada quien se encarga de decidir cuál es el tamaño de su piedra, yo me he ido por las XXXL ¡Pesan!). 

Personalmente, las relaciones que más me han costado han sido… todas. Por eso, le pedí a un padre y su hijo, a un esposo y su esposa, a una hermana y su hermana, a una novia y su novio y, a un hermano y su hermana, que me compartieran un poquito de lo que les ha funcionado. No existe una sola manera de tener una buena relación. Hay muchas. Solo hay que ir cogiendo un poco de esto y aquello. Construir juntos.

 

Gracias a Alfonso y Mateo, Juanita y Zahir, por las goticas que sin darse cuenta, dejaron caer sobre mis ojos para aclararme la vista. Por ayudarme a disminuir la miopía que tengo en el corazón (le cuesta ver lo que está fuera y lejos de él). Si usted también es miope lo invito a leer 2 relaciones que tienen un punto donde se encuentran. Ese punto es que amar no es suficiente.  

Alfonso y Mateo

 

El tacto. Para Mateo estar en los brazos de su papá es una manera de poder viajar en el tiempo. Ir a los días en los que era un niño y le encantaba pasar horas (en realidad eran minutos, pero él los sentía eternos) enredado en los brazos de Alfonso. Verlos cogidos de la mano mientras hablamos durante dos horas, me demostró que ese es un canal donde padre e hijo se conectan y se comunican sin decir palabra alguna. 

El agradecimiento. Tanto Mateo como Alfonso me dijeron lo enormemente agradecidos que se sentían por tenerse el uno al otro. Y no lo dijeron con ese mismo tono cliché que muchos de nosotros usamos para decir lo afortunados que nos sentimos de tener los padres que tenemos. Lo que escuché salir de sus bocas fueron palabras sin esfuerzo, livianas y sinceras.

La comunicación sincera. Decir las cosas como son, sin arandelas ni evasiones. Alfonso siempre ha procurado dar una respuesta a todas las preguntas de Mateo. Las de la infancia, la adolescencia y la adultez. Ha sido su as bajo la manga mostrarse como un libro abierto ante su hijo. ¿Para qué? Advertirlo de posibles errores, evitarle dolores y mostrarle un camino claro, para que así, sea Mateo quien aprenda a tomar sus propias decisiones. Esa autonomía que lo llevara a cumplir dos cosas muy importantes para él: hacer orgulloso a su papá y cumplir todos y cada uno de sus sueños.  

El tacto, el agradecimiento y la comunicación sincera. Esos fueron los tres regalos que Alfonso y Mateo me dejaron al final de la conversación.

 

Para empezar, le pregunté a Alfonso cómo había sido su relación con su papá. Y en pocas palabras, me dio una descripción muy cercana a la relación que tiene con Mateo. Mientras los escuchaba hablar no pude evitar desconectarme de la conversación y perderme en la magia que veía en esos dos. Un papá (con cara de complice, pero de esos cómplices con los pies en la tierra y lleno de responsabilidad) y un hijo (irradiando admiración por su complice y sed de sueños grandes, muy grandes), que sin ellos mismos darse cuenta, tenían un letrero gigante sobre sus cabezas que decía: Aquí nace el amor. 

Ibagué (Colombia), Swieqi (Malta), Tianjin (China) y Piacenza (Italia). 

 

En Ibagué: 10 km de distancia. Ibagué-Swieqi: 9,686 km de distancia. Ibagué-Tianjin: 14,968 km de distancia. Ibagué-Piacenza: 9,254 km de distancia.

 

Un amor que acumula millas a su favor. Veintiún mil setenta y cinco punto sesenta y cinco millas, para ser exactos. Siempre creí que los amores que recorren kilómetros sólo son para unos pocos. Y con Juanita y Zahir, lo reconfirmé. Se necesita una fuerte convicción de lo que se quiere, perseverancia con lo que se desea y coherencia en lo que se dice. Mientras ellos me contaban de principio a fin la manera en cómo su historia los ha llevado a estar juntos hoy en día, en mi cabeza rondaba un único pensamiento: El que quiere puede.

Juanita y Zahir

Seis meses de Zahir en Malta, seis meses de Juanita en China, un año de reencuentro y dos años más de Juanita en Italia. Los únicos responsables de que la relación funcione, así aparentemente todo se muestre en su contra, han sido ellos mismos. ¿Cómo? Conociendo las necesidades y los sueños del otro. El pilar que sostiene el amor de Juanita y Zahir ha sido el no cortarse las alas y amarse libremente sin ataduras. Velar por el crecimiento personal y profesional del otro. Y ese profundo deseo de ver que la persona que aman, pueda llegar alto, muy alto. Aquí se renuncia al egoísmo. Pensar únicamente en el yo, es ir en contra de la corriente si se tiene un amor con diferencia horaria. Personalmente, parejas como ellos dos, llegan a niveles muy altos de amor. Llenos de madurez y libres de ceguera. “La distancia construye o destruye”, dijo Juanita. Y con ellos dos, notablemente, la distancia ha construido. 

 

Les pedí a cada uno que me dieran su respuesta a la siguiente pregunta:

 

¿Si les preguntaran qué se debe hacer para mantener una relación a distancia, qué responderían? 

Juanita: Ponerse en los zapatos del otro y entender lo que él quiere. Dejar el egoísmo a un lado. Aprender a ceder y que las cargas sean compartidas. Ambos dar el cien por ciento. Comunicación y respeto.

Zahir: Ahorre(risas). Respeto y confianza. Demostrarle a la persona que todo puede ser posible. La vida es de ejemplos. Hacer las cosas bien es contagioso.